Sudán no tiene una única institución nacional responsable de la convivencia cotidiana. En Jartum y otras zonas urbanas, los comités de barrio llamados لجان الأحياء (Lijan al-Hayy), las redes vecinales civiles descentralizadas llamadas Lijan al-Muqawama, las Salas de Respuesta de Emergencia (Emergency Response Rooms), los comités de gestión comunitaria, las organizaciones locales no gubernamentales, los líderes religiosos y sociales, y los grupos de mujeres y jóvenes pueden organizar información, alimentos, agua, apoyo sanitario, evacuaciones, protección y mediación. Lijan al-Muqawama y otras redes civiles pueden afrontar riesgos políticos y de seguridad. Las Salas de Respuesta de Emergencia son estructuras comunitarias de ayuda de emergencia, no oficinas estatales de servicios uniformes. En Darfur y Kordofán, la Administración Nativa (Native Administration), los ancianos, los mecanismos comunitarios de reconciliación (Community-Based Reconciliation Mechanisms), los comités de paz y la mediación entre agricultores y pastores pueden ayudar a abordar disputas por tierras, agua, pastoreo, rutas migratorias y cosechas. En los estados orientales y del Nilo, las comunidades de acogida, las personas refugiadas y las personas desplazadas internas suelen relacionarse mediante estructuras locales de paz y comunitarias. Administración Nativa significa acuerdos consuetudinarios de liderazgo local y mediación; su autoridad, neutralidad, inclusión y alcance práctico varían según la zona, y sus acuerdos no adquieren automáticamente fuerza legal. El desplazamiento es una condición central de la convivencia. La investigación de abril de 2026 registra alrededor de 15 millones de personas desplazadas por el conflicto, unas 8,94 millones de personas desplazadas internas (IDP) y unos 3,99 millones de retornadas. Alrededor del 60 % de los hogares retornados vivía en viviendas dañadas. Una evaluación de desplazamientos de 2023 encontró que el 65 % de las personas desplazadas internas se alojaba con comunidades de acogida. Una evaluación de 2025 registró aproximadamente un 30 % de hogares desplazados en refugios improvisados, un 10 % en tiendas de campaña y un 24 % en viviendas sólidas. El hacinamiento, el acceso limitado al agua y al saneamiento, la menor privacidad, los riesgos de violencia de género, las disputas por la propiedad y la presión sobre las comunidades de acogida pueden intensificar los conflictos. La convivencia en Sudán se ve afectada por diferencias étnicas, religiosas, lingüísticas, regionales, de género y edad, así como por la discapacidad y la condición de persona desplazada interna, refugiada o integrante de una comunidad de acogida. La elaboración de perfiles étnicos, los discursos de odio, la violencia sexual, las detenciones arbitrarias y los ataques contra la sociedad civil generan graves riesgos de exclusión y represalias. Las mujeres, los niños, las minorías y los trabajadores de ayuda locales pueden necesitar protección adicional. Las personas refugiadas tienen derechos y deberes conforme a la Ley de Organización del Asilo de 2014 (Asylum Organization Act 2014), incluido el cumplimiento de las leyes aplicables y las normas de orden público, pero la aplicación de la ley y el acceso a la protección son frágiles. La Constitución Transitoria de 2005 (Transitional Constitution 2005) ofrece una base normativa para la igualdad, la no discriminación, los derechos religiosos, culturales y lingüísticos, la circulación, la reunión, la asociación y la privacidad, aunque su vigencia práctica y su aplicación siguen siendo inciertas desde el punto de vista político y jurídico en 2026. Los mercados, los puntos de agua, las escuelas, los centros de salud, las carreteras, el transporte y los corredores de trashumancia, los campamentos para personas desplazadas y los centros comunitarios multipropósito son espacios compartidos clave. Un centro comunitario multipropósito (Multi-Purpose Community Centre, o MPCC) puede combinar un lugar de reunión más seguro con un punto de atención de protección, apoyo psicosocial, actividades de alfabetización y reuniones comunitarias. El acceso depende de la ubicación, la presencia de organizaciones asociadas y las condiciones de seguridad. Los ataques, cierres, puestos de control, restricciones de movimiento, minas, restos explosivos y cortes de suministro hacen que ningún espacio público sea uniformemente seguro o neutral en todo Sudán. Las disputas pueden referirse a tierras, recursos naturales, agua, pastoreo, migración, daños a las cosechas, mercados, movilidad, asuntos familiares o relaciones sociales. El diálogo, la mediación de ancianos o de la Administración Nativa, las redes de mujeres y jóvenes, los comités de paz, los mecanismos comunitarios de reconciliación, la policía comunitaria, la asistencia jurídica, la policía, la fiscalía y los tribunales pueden formar parte de una respuesta local. La violencia grave, la violencia sexual o de género, las amenazas, los delitos graves y los riesgos de represalias no deben abordarse únicamente mediante mediación informal. Las vías formales disponibles dependen de que la policía, la fiscalía y los tribunales puedan funcionar de forma segura en esa localidad. La participación puede incluir voluntariado comunitario, comités de gestión comunitaria, redes de paz o protección, cocinas comunitarias conocidas como Takaaya, organizaciones dirigidas por personas refugiadas y canales de comentarios o quejas. Estas actividades suelen financiarse con fondos de donantes, ser voluntarias y depender de la seguridad y el acceso. Por lo general, un comité o grupo de ayuda no otorga un derecho individual de alcance nacional; los servicios habitualmente no tienen un cargo directo para el usuario, pero pueden estar limitados por cupos, financiación, organizaciones asociadas y localidad. Los canales digitales apoyan el contacto familiar, las alertas, la coordinación de ayuda, las transferencias de dinero y la información comunitaria mediante redes móviles, WhatsApp, redes sociales y redes de la diáspora. La Ley de Transacciones Electrónicas de 2007 (Electronic Transactions Act 2007) reconoce los registros, las firmas y los pagos electrónicos en determinadas condiciones, mientras que la Ley de Ciberdelincuencia de 2007 (Cybercrime Act 2007) establece un marco jurídico para investigar la ciberdelincuencia y para las estructuras de justicia. La conectividad sigue siendo costosa y desigual. La investigación registra tres cortes en 2025 y una restricción nacional de las funciones de voz y vídeo de WhatsApp en julio de 2025. Protege identidades y ubicaciones, verifica las fuentes, evita reenviar acusaciones no confirmadas sobre violencia o etnia y mantén SMS, contactos sin conexión y enlaces locales como alternativas, ya que los cortes y las restricciones del servicio pueden interrumpir la comunicación.
Convivencia en Sudán
La convivencia cotidiana en Sudán se organiza mediante una combinación fragmentada de autoridades estatales y locales, líderes tradicionales, grupos comunitarios, organizaciones humanitarias y redes informales de ayuda mutua. La guerra, los desplazamientos, la inseguridad, el deterioro de los servicios y el acceso desigual a lo digital condicionan en gran medida cómo las personas comparten barrios, espacios públicos y recursos. Los acuerdos locales varían mucho entre los 18 estados de Sudán, por lo que la entidad responsable, las condiciones de acceso y la protección práctica disponible dependen de cada zona.
Consejo
Considera el apoyo a la convivencia en Sudán como una decisión local de seguridad y acceso, no como un único servicio nacional. Empieza por el canal viable más seguro de tu zona, verifica quién es realmente responsable y mantén una alternativa para las interrupciones causadas por el conflicto, los puestos de control o fallos de comunicación. Recurre a la mediación informal solo en disputas de menor riesgo; deriva los casos de violencia grave, violencia de género, amenazas, delitos graves o riesgo de represalias a canales de protección y jurídicos cuando puedan funcionar de forma segura.

