En Chad no existe una única institución nacional responsable de la convivencia cotidiana. Las estructuras formales incluyen provincias, comunas y consejos electos, mientras que las prácticas locales también cuentan con comités de barrio y de aldea, jefes tradicionales, líderes religiosos, grupos de mujeres y jóvenes, organizaciones de la sociedad civil y ONG. El acceso a estas estructuras depende del lugar, la situación de seguridad y la presencia de servicios públicos. No se ha confirmado ningún punto de contacto vecinal uniforme ni una tarifa nacional de mediación. Los conflictos locales más importantes se refieren a la tierra, el agua, los pastos, las rutas de trashumancia, los daños a los cultivos, la inseguridad, la presión climática y el desplazamiento. Los comités provinciales de gestión de conflictos, las autoridades administrativas, los jefes tradicionales, los líderes religiosos y los representantes de agricultores y ganaderos pueden apoyar el diálogo, la compensación o la rehabilitación compartida de puntos de agua y estanques. Estos acuerdos pueden reducir los conflictos, pero suelen ser informales o de mediación y no sustituyen automáticamente a los tribunales ni generan una sentencia ejecutable. Los peligros inmediatos deben notificarse a la policía, la gendarmería u otros servicios de seguridad. Los litigios civiles y penales pueden tramitarse ante los tribunales. La Constitución de 2023 define Chad como un Estado laico regido por el Estado de derecho y reconoce la diversidad cultural y lingüística, la igualdad y la no discriminación. En general, protege la opinión, la comunicación, la religión, la prensa, la asociación, la reunión pacífica y la circulación, con sujeción a los derechos de los demás, el orden público y las buenas costumbres. El acceso efectivo es desigual, sobre todo cuando los servicios están lejos o las condiciones de seguridad restringen la circulación. La violencia de género, el matrimonio infantil, la mutilación genital femenina y la violencia por motivos de género o etnia siguen siendo problemas de protección; las mujeres, los jóvenes y las personas con discapacidad pueden afrontar barreras adicionales para participar. El desplazamiento influye profundamente en la convivencia local. A 31 de octubre de 2025, ACNUR registraba en Chad 2.122.401 personas de interés, entre ellas 1.462.624 personas refugiadas, 9.427 solicitantes de asilo, 225.689 personas desplazadas internas y 424.661 personas migrantes retornadas en riesgo de apatridia. Las provincias orientales de Ouaddaï, Sila, Wadi Fira y Ennedi Est se han visto especialmente afectadas por las llegadas desde Sudán, mientras que la región de Lac también afronta violencia armada y desplazamiento. La Commission Nationale pour l’Accueil et la Réinsertion des Réfugiés et des Rapatriés (Comisión Nacional para la Acogida y la Reintegración de las Personas Refugiadas y Repatriadas, CNARR) y ACNUR apoyan los procedimientos para personas refugiadas y solicitantes de asilo. Por lo general, quien tenga intención de solicitar asilo debe comunicarla a las autoridades o a la CNARR en los 90 días siguientes a su entrada, salvo que un caso de fuerza mayor se lo haya impedido. Las personas refugiadas y solicitantes de asilo con documentación tienen, por ley, igual acceso a la circulación, la residencia, la asistencia pública, la atención sanitaria, la educación y la formación, los tribunales y la práctica religiosa. La Ley 012/PT/2023 protege a las personas desplazadas internas y prohíbe discriminarlas por su desplazamiento, aunque en algunas zonas siguen siendo difíciles el registro, el acceso a la justicia y a los servicios. Las comunidades refugiadas y de acogida pueden recurrir a comités conjuntos en campamentos y centros de recepción, comités comunitarios de protección y comités de liderazgo de personas refugiadas para el diálogo, la sensibilización, la convivencia pacífica y la resolución local de conflictos. Pueden participar autoridades locales, ACNUR y ONG. Existen sistemas de consulta y recepción de comentarios, pero su acceso es desigual. ACNUR informó de consultas en las que participaron 4.633 personas refugiadas y solicitantes de asilo y 500 personas desplazadas internas; los mecanismos de comentarios llegaron a 77.092 personas refugiadas y solicitantes de asilo y a 2.793 personas desplazadas internas. Las mujeres ocupaban alrededor del 40 % de los puestos de liderazgo en las estructuras de participación mencionadas. La participación comunitaria puede ser formal o informal. Entre las opciones formales figuran asociaciones autorizadas, ONG, sindicatos y grupos religiosos, deportivos o culturales, así como la participación a través de las comunas. En virtud de la Ordonnance 023/PR/2018 (Ordenanza 023/PR/2018), una asociación debe obtener autorización antes de iniciar sus actividades. La declaración se presenta en la capital provincial, en tres ejemplares, junto con los estatutos y el reglamento interno. El ministro responsable de la administración territorial debe decidir en un plazo máximo de tres meses desde la emisión del recibo. No se ha confirmado ninguna tasa nacional. Una asociación reconocida legalmente puede cobrar cuotas de sus miembros e iniciar acciones judiciales. El marco citado prohíbe las asociaciones organizadas con criterios regionalistas o comunitarios. La participación informal a través de comités de aldea, personas mayores, grupos de mujeres o jóvenes y mediación religiosa o tradicional normalmente no tiene una tasa ni un plazo nacional fijo. Entre los espacios públicos que favorecen la convivencia figuran mercados, escuelas, centros de salud, puntos de agua, carreteras, campos deportivos, espacios adaptados para la infancia, espacios juveniles llamados Nadi Al Chabab y centros conectados. Los espacios adaptados para la infancia pueden ofrecer juego, aprendizaje, deporte, apoyo psicosocial y escucha para niños refugiados y de comunidades de acogida. La seguridad, el agua y el saneamiento, los riesgos de violencia de género y la accesibilidad pueden limitar la participación de niñas, mujeres, niños y personas con discapacidad. No se ha confirmado un reglamento nacional para espacios públicos ni un sistema uniforme de permisos para estos usos. La comunicación digital se está convirtiendo en otra forma de mantener el contacto y acceder a la educación, las finanzas, la información sanitaria y los servicios. El marco jurídico incluye las Leyes 013/014 de 2014 sobre comunicaciones electrónicas, la Ley 007/PR/2015 sobre datos personales y la Ley 009/PR/2015 sobre ciberseguridad y ciberdelincuencia. La Autoridad Reguladora de Comunicaciones Electrónicas y Correos (ARCEP), la Agencia Nacional de Seguridad de los Sistemas de Información (ANSSI) y ADETIC son instituciones pertinentes, y Tchad Connexion 2030 es una iniciativa digital nacional. Airtel Chad y Moov han mejorado sus servicios, mientras que los centros conectados de Djabal, Farchana, Idrimi y Oure Cassoni atienden a personas refugiadas y comunidades de acogida. El coste de los dispositivos, la conectividad, las competencias digitales y la cobertura de red siguen siendo desiguales; no se ha confirmado ningún servicio actual de mediación en línea ni de moderación de plataformas específico de Chad. La vivienda compartida es, ante todo, una cuestión de vivienda, pero también afecta a la convivencia a través del alojamiento en familias de acogida, los campamentos, los asentamientos organizados, la asignación formal de tierras y los acuerdos comunitarios de ocupación. La mayoría de los acuerdos siguen siendo temporales o informales; ACNUR informó de que en 2025 solo el 6 % de las personas refugiadas y solicitantes de asilo tenía derechos de vivienda o tierras reconocidos legalmente. No se ha confirmado ninguna oficina nacional de mediación para vivienda compartida o conflictos vecinales ni una tasa o plazo nacional estándar. Un acuerdo local puede ayudar a resolver un conflicto, pero las amenazas graves, la conducta delictiva, las violaciones de derechos y las reclamaciones civiles no resueltas requieren la intervención de las autoridades competentes o de los tribunales.
Convivencia cotidiana en Chad
La convivencia cotidiana en Chad está marcada por los gobiernos locales, los líderes tradicionales y religiosos, la sociedad civil y las prácticas comunitarias informales, más que por un único sistema nacional. La tierra, el agua, los pastos, el desplazamiento, las relaciones entre personas refugiadas y comunidades de acogida y el acceso a los servicios públicos generan las mayores presiones. Los derechos constitucionales respaldan la igualdad, la diversidad, la asociación y la participación pacífica, pero la seguridad, las distancias y las capacidades locales desiguales condicionan su ejercicio.
Consejo
Utilice el enfoque menos formal que pueda resolver el problema de forma segura, pero no considere que un acuerdo informal ofrece protección ejecutable. Si hay peligro, acuda de inmediato a la policía, la gendarmería o los servicios de seguridad; para cuestiones de refugio y asilo, a la CNARR o a ACNUR; y, cuando se trate de derechos, violencia o reclamaciones civiles o penales sin resolver, a las autoridades competentes o a los tribunales. Para la participación cotidiana, valore la legitimación jurídica, el tiempo, el coste, el alcance y la posibilidad de hacer cumplir el resultado antes de elegir una asociación formal o un grupo local informal.

